14 de julio de 2010

El fútbol hizo justicia...

Después de 80 años y de 19 Mundiales, por fin llegó el momento de España. Un momento que siempre hemos soñado, y que hasta entonces no se había cumplido. A partir de ahora España se une a ese selecto grupo de siete (ocho con ella) que ostentan el glorioso título de campeones del mundo, ese grupo que tiene el privilegio de poder lucir una estrella encima del escudo de su país, demostrando que, un día, lograron estar en la cima del fútbol mundial.

Nunca la selección había llegado tan alto en una Copa del Mundo. Su mejor puesto hasta ahora había sido la cuarta posición en 1950, aquel mundial que se le escapó a Brasil en el último momento frente a Uruguay. El sistema de entonces (más justo, quizás) no era el mismo, sino que entre los cuatro primeros de la fase de grupos, se disputaba una liguilla, y el ganador se llevaba la copa. La selección española nunca había pasado de cuartos de final. La “maldición de los cuartos”, unas veces en forma de árbitro que no veía como le rompían la nariz a Luis Enrique o uno que pitaba fueras de juego donde no los había, y veía salir la pelota cuando quedaba a unos centímetros de la línea. Y si el árbitro no la liaba, allí estaban los penaltis… ¡Dichosos penaltis!

Pero este equipo es diferente. Ya en la Eurocopa mostraron su calidad, su buen juego y su espíritu ganador. Allí rompimos con la maldición. Parecía que, una vez más, España no haría mucho (o nada) en este mundial tras la derrota ante Suiza. No obstante, lejos de rendirse, los jugadores continuaron con su estilo, jugaron, tocaron, gustaron, marcaron y lo más importante: ganaron. Porque el fútbol nos ha devuelto todo lo que un día nos quitó, por eso el rechace del portero de Portugal le cayó otra vez a Villa, por eso la pelota entró tras rebotar en los dos palos con Paraguay y no salió, como hubiera pasado hace no mucho. Por eso no marcábamos de jugada a balón parado y Puyol se elevó por encima de las torres germanas para marcarle un golazo a la mismísima Alemania, la potencia y fuerza personalizada. Y por eso a cuatro minutos de los penaltis fueron los nuestros los que sentenciaron a Holanda. El gol de Iniesta permitió que ganara el equipo que ofrecía mejor juego, en lugar de que el rácano, rancio y agresivo planteamiento tulipán, más propio de Italia, pudiera con los jugones. En otra ocasión hubiera ganado Holanda, como ha hecho Italia cuatro veces antes, pero el domingo el fútbol no lo podía permitir. Sencillamente porque el domingo, el fútbol hizo justicia…