A la tercera va la vencida. Uno de los refranes más utilizados por todos, si no el que más. Puede ser un simple dicho, pero todo dicho tiene su acción. Es decir, que si ha pasado a formar parte de ese amplio y variado refranero español, es porque tendrá algo de verdad. Quizás a la primera conozcamos la situación o hecho a conseguir, pero como es algo nuevo fallamos. A la segunda vamos más encaminados, pero nuestra falta de seguridad en el terreno genera también algunos errores. Y la tercera ya es la definitiva, porque hemos explorado la zona, hemos aprendido de los fallos y errores, y sabemos lo que hacemos, o por lo menos intuimos que vamos por el buen camino. Esta teoría no es más que una vana divagación mía, pero que, ¿por qué no?, podría tener algo de razón…
Esta mañana se ha puesto en marcha en Ginebra el famoso acelerador de partículas, esa máquina que, según algunos, nos conducirá a la destrucción del planeta. Pero a mí no me preocupa, porque si no es el acelerador serán las guerras, el cambio climático o un meteorito, como con los dinosaurios. El acelerador intenta reproducir una pequeña explosión del origen del universo, hablando de forma entendible, porque personalmente no entiendo mucho del tema, y no voy a poner a copiar tecnicismos. Pues bien, después de dos intentos fallidos, funcionó. A la tercera, que casualidad…
Creo que yo, y otros muchos, nos sentimos como el acelerador de partículas. No porque tengamos una agitada vida, que también, sino porque igual conseguimos algo al tercer intento. O no, porque en otros ámbitos no se ha logrado a la tercera, sino que se ha conseguido a la cuarta o quinta, o nunca…En fin, a la tercera, séptima o trigésimo segunda, lo importante es no desistir, seguir en el intento. Y sí, hay muchas veces que estamos hartos, hasta las narices (por ser fino), pero quién sabe si nuestro logro llegará a la tercera, tras cruzar la esquina…
