Récord. He conseguido enlazar dos entradas en dos días consecutivos. ¿Lograré batirme a mí mismo? Todavía está por ver. Y sin entretenerme más le dedico la entrada de hoy a la esperanza…
La esperanza como sentimiento, y no como la señora que vive en el piso de abajo o la amiga de nuestra abuela, es algo único e inconfundible, algo vital. Se dice que la esperanza es lo último que se pierde y quizá es este el pensamiento más correcto. Porque las personas, tan complejas y sencillas al mismo tiempo, nos contentamos con pensar que las cosas van a mejorar, que el futuro será mejor. Esto nos sirve para intentar olvidar los problemas del momento e intentar sacar fuerzas para seguir adelante. Por suerte, o por desgracia, la naturaleza del ser humano es así. No obstante, se nos plantea un inconveniente. La esperanza puede, y de hecho lo hace, mantener ciertas expectativas en relación con determinados temas, y puede que estas expectativas sólo existan verdaderamente en nuestra mente. Quizá me haya quedado poco gráfico, así que lo aclararé con un ejemplo. ¿Debe el chico seguir teniendo esperanza en conseguir a la chica después de que lo haya rechazado? ¿No sería seguir algo imposible o inútil? Yo no tengo respuesta a esta pregunta, o a cualquiera similar, así que he pensado que lo mejor es ver distintas opciones. Un filósofo alemán de nombre impronunciable (sí, hablo de Nietzsche) dice que la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre. Y no se equivoca, pues este supuesto chico continuaría con su vano intento de conseguir algo que nunca va a tener, y la esperanza no hace más que acrecentarlo. Machado le diría al caminante que hoy es siempre todavía, así que, según él, nuestro personaje debe seguir intentándolo. Hay un empate, uno a uno. Para deshacerlo he “traído” a otras dos personas importantes. Aristóteles decía que la esperanza es el sueño del hombre despierto (no sé si para bien o para mal), y como la virtud está en el término medio, tampoco nos aclara mucho…
¿Esperanza sí? ¿Esperanza no? ¿Esperanza la justa? Martin Luther King luchó durante años por los derechos de la gente negra en Estados Unidos y necesitó confiar en la esperanza para ello. Decía que si supiera que mañana se acaba el mundo, él hoy plantaría un árbol y que si ayuda a una sola persona a tener esperanza no habrá vivido en vano. Él confiaba en el poder de la esperanza. Ese poder que hace que el ser humano sea el único capaz de levantarse de situaciones imposibles y seguir adelante, el único capaz de confiar en el futuro sin dejar de lado al presente. Todos tenemos nuestras esperanzas puestas en algo, y esa ilusión es la que nos hace continuar día a día, porque, ¿Qué es la vida sin esperanza? La vida sin esperanza no es vida. La esperanza mantiene nuestras ilusiones, nuestros deseos, nuestros sueños y nos hace seguir siempre hacia delante, ser optimistas, y nunca tirar la toalla. Debemos luchar por aquello que queremos y en lo que creemos, debemos seguir adelante. Es nuestra naturaleza…

Bonita entrada optimista. Aunque quizas, para lo que quieres decir, te hayas extendido un poco, ha quedado bastante claro y bien
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