1 de agosto de 2010

La dificultad de las cosas

¡Qué difíciles son a veces las cosas! Creo que es porque nos complicamos tontamente la vida, porque decidimos darle vueltas a lo que no tiene más. Parece que todo tiene que ser sencillo, fácil, simple. Pero al contrario, es complicado, difícil, complejo. Ojalá todo fuera tan factible como lo es para los niños. ¡Quién pudiera volver a la infancia! La infancia, ese mundo donde A es A, B es B y C es C, donde cada cosa tiene su nombre, donde un “sí” y un “no” tienen un significado claro y directo. Un mundo donde las cosas se olvidan rápido, te peleas y a los cinco minutos vuelves a jugar. Donde si quieres algo vas a por eso, te empecinas, lloras si no lo consigues y te ríes cuando lo tienes. Los niños, esos locos bajitos que ven todo tan natural.

También podíamos tener un botón de reinicio, o una papelera de reciclaje en la que meter las cosas que no queremos. Será que aunque en un momento queramos olvidar y borrar, en un futuro quizá sea un grato recuerdo que nos haga sonreír, y por eso no lo borramos. Otra cosa que envidio de los ordenadores es su inmediatez, en un solo clic (o dos) se tiene lo que se quiere.

En el mundo de los no niños, las cosas no se consiguen con clics, y A es B, B es C y C es A y todo es mucho más complejo. El otro día, hablando con una persona de confianza, me dijo que las cosas no llegan solas, hay que ir a por ellas. No le faltaba razón, y ya que no hay un botón de reinicio, creo que será mejor ir a por lo que uno quiere hasta el final que ponerse a borrar datos y carpetas que siempre vuelven a aparecer. Si ya lo he dicho al inicio: ¡qué difíciles son las cosas!

1 comentario:

  1. No son tan dificiles las cosas si uno piensa que no lo son tanto. Y es mejor no pensar: ¡Ojala todo volviera a ser como cuando era niño! cuando todavia puede ser así.

    Lo que siempre tiene que ser uno es constante y esforzarse por lo que uno busca... o sino las cosas se nos volveran extrañas y dificiles.

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