Semana de puente, de pausa, de un poco de descanso, un respiro pequeño para asimilar el inicio del curso. Aunque, como siempre, con muchas cosas que hacer y poco tiempo para hacerlo. ¿Dejaremos algún día de arañar segundos al reloj? No lo creo…
No sé muy bien que escribir hoy, quería hacerlo por rellenar un poco, por no tener el blog tan vacío. Y en este alarde de improvisación en el que estoy (para bien o para mal), me apetece hablar de los sueños. Los sueños, con y sin doble sentido. El sentido primero sería el del acto de soñar, lo que nuestra cabeza representa en la mente cuando dormimos. Esas fantasías que, en ocasiones, parecen tan reales y que se esfuman en un segundo en cuanto despertamos. Esas irrealidades que tan bien y tan mal nos lo hacen pasar… Y esas cosas de las que casi nunca nos acordamos, y si lo hacemos nos parece demasiado incoherente. ¡Con lo coherente y normal que parecía en el momento! El segundo sentido estaría muy relacionado con el primero, por decirlo de algún modo, derivaría de él. Es el de los sueños como ilusiones, como algo deseado, que queremos que suceda. Algo por lo que suspiramos y luchamos, nos movemos, y por lo que intentamos no rendirnos.
Los sueños, en ambos sentidos, tienen muchas similitudes. Porque muchas veces lo que deseamos se esfuma en un momento, en un segundo, como cuando despertamos y nuestra proyección mental desaparece. Y generalmente sucede cuando mejor lo pasábamos. También porque a veces nuestras ilusiones son irreales, porque las deformamos hasta el extremo de poner en duda cualquier aspecto; creamos escenarios inverosímiles, vemos a las personas como queremos, no como son. Y porque los sueños, que no las pesadillas, son cosas que generalmente gustan, o, por lo menos, que no disgustan. ¿Quién no ha despertado de un sueño sonriendo? Más de una vez hemos querido vivir lo que mientras dormíamos vivíamos, y no lo que vivimos en vigilia, de la misma forma que queremos vivir lo que deseamos.
Por suerte, o por desgracia, los sueños no siempre se cumplen. La magia de los sueños reside en la irrealidad que en ellos hay. Quizá, si alcanzásemos la cumbre del sueño, no seríamos tan felices, porque no tendríamos nada con lo que seguir soñando. Esa es una de las paradojas de la vida. En fin, como decía Calderón, la vida es sueño, y los sueños, sueños son…

Olé
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