28 de mayo de 2010

La dulzura de lo agridulce...

Hay que ver como somos. Sufrimos como nadie, pero al final todo tiene recompensa. ¿Tanto esfuerzo mereció la pena? En días como hoy sí, por supuesto. Esta tarde me he acordado de cómo de putas las he pasado durante el curso. Bueno, hemos, porque al fin y al cabo en ese “sufrimiento”, uno, por suerte, no está solo, lo acompañan amigos y compañeros. Debe de ser por aquello de mal de muchos, consuelo de tontos

En fin, que esta tarde tocaba relajarse de la tensión, con la satisfacción del trabajo bien hecho. Atrás quedan esos nervios de la mañana, cuando uno por uno llaman para las notas. El ambiente es completamente de corredor de la muerte, aunque con final feliz en muchos casos. Y no tan feliz en otros… Los nervios por esa décima o centésima para entrar en la carrera que uno quiere, lo que nos permite pasar desde la “celda de sentencia” hasta la “sala de la silla”, eso que llaman “selectividad”. Con suerte, el final puede ser también feliz…

No obstante, la complacencia se entremezcla con una pizca de amargura por aquellos que no han tenido la suerte que merecían. Dicen que la naturaleza se rige por unas leyes de equilibrio, que lo que sube por un lado se hunde por otro, lo que se va a la derecha por otra parte se dirige a la izquierda, y la suerte de unos se compensa con la menor suerte de otros. Ese fantástico y molesto sabor agridulce que tiene la vida, aunque hoy ha sido un poco más dulce…

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