La felicidad no es más que el recuerdo de anécdotas. Pequeñas anécdotas que nos hacen sonreír cada día. La diferencia entre la mediocridad y la excelencia está en los pequeños detalles. Porque lo gordo se comparte, la esencia, lo elemental. Pero cada detalle importa, el milímetro de la foto finish, el mismo que evita que el balón entre en la portería y golpee el poste. Y la centésima del tiro en baloncesto, la centésima de la contrarreloj en ciclismo. Todos lo hicieron muy parecido, pero sólo una pequeña diferencia les hizo destacar a unos.
Los mejores momentos son puntuales. La felicidad eterna no existe. Las sonrisas duran segundos, minutos; lo que hace que parezcan eternas es el cúmulo de muchas pequeñas sonrisas. Muchos pocos hacen un mucho…
La conclusión de todo esto, la moraleja que nos deja está clara: todos los pequeños detalles importan. Desde un gesto, desde una mirada, desde una palabra, una frase, o una conversación entera. Es como leer un libro: o lo lees en global, y te quedas con la idea pero no lo disfrutas, o lees palabra a palabra, línea a línea, párrafo a párrafo, página a página… Y que conste que yo soy de poco leer…En fin, aprovechemos al máximo cada instante, desde el de mal humor al de buen humor, saquemos lo positivo de todo. Disfrutemos de esos pequeños detalles. La vida se decide en pequeñas, y en ocasiones estúpidas, anécdotas…

esto me recuerda a algo que dije en su dia: "No creo que la felicidad sea necesariamente un estado perpetuo al que debemos tratar de llegar. La felicidad se compone de los buenos momentos, y si sabemos llevarlos bien en conjunción con los malos momentos, podremos ser felices."
ResponderEliminarPues hemos coincidido de casualidad porque no recuerdo haberlo leido. De todas formas, si miras entradas anteriores mías verás que no es la primera vez que lo menciono.
ResponderEliminarAsi que si intentabas acusarme de plagio, consulta los datos empirista de las narices!
Jajajaja