El fútbol hizo justicia. Es un deporte en el que muchas veces se gana de forma injusta, los resultados finales de los partidos no corresponden con lo que se ha visto sobre el campo. Pero otras veces, como sucedió ayer, se convierte en un deporte justo, donde gana el mejor, o el que ha hecho más cosas para ganar el encuentro.
El Clásico de ayer fue un partido con un nivel más bajo del que se esperaba (o del que yo esperaba, por lo menos), pero no por ello fue decepcionante. Comenzó con un Real Madrid “enchufado”, que presionó al Barcelona para impedir la salida de balón desde la defensa, forzando a Valdés a enviar balones largos que no acabaron en nada, ya que el recurso aéreo de Ibrahimovic desapareció en una lesión en el sóleo. Aunque el Barça continuó fiel al partido, y Guardiola comenzó con una alineación que dejó patidifuso a muchos, sino todos, y con la que supo aguantar el previsible arreón inicial del club blanco. Y así, entre la presión de un equipo que corría detrás de jugadores blaugrana y un Xavi que pese a encontrar en un desierto rodeado por cuatro contrarios, consiguió ver en Messi, como no, un aliado para elaborar una preciosa pared que superó la zaga merengue, el balón cayó del cielo y golpeó en el pecho del argentino, que aprovechó el control orientado para regatear a Albiol y disparó a la red. Corría la media hora del partido, los únicos 30 minutos que el Madrid aguantó.
A partir de este momento fue casi un monólogo del Barça. No jugó en su mejor versión, ni desgastándose al máximo, pero fue más que el Madrid. Y si el Barcelona a medio gas es capaz de superar con creces a los blancos, hay algo que falla en el club de Florentino. En fin, entre carreras del Madrid, la frustración de Cristiano Ronaldo que no pudo con un “imperial Piqué” (como narraron los comentaristas de la Sexta) y un acertado Víctor Valdés que demostró con creces que puede ir a la selección, llegó el segundo del Barcelona en la segunda parte, otra vez tras un magistral pase de Xavi y un certero Pedrito, que ya se ha convertido en don Pedro; corrió, miró y con la izquierda superó, tras un toque suave, al portero madridista que veía como perforaron su portería de nuevo. El partido quedó sentenciado.
A partir de este momento el Madrid chutó un par de veces, pero no consiguió nada. Los culés jugaron a su antojo y Messi puedo marcar otros dos, haciendo un nuevo hattrick, pero esta vez sí apareció el Casillas salvador que desvió, en dos ocasiones, el balón por la línea de fondo. Salieron Iniesta y Márquez, y los blancos intentaron remontar con Raúl y Guti, demostrando que 250 millones después continuaban igual. La salida de Benzema demostró lo que todos sabíamos: ni está, ni se le espera. Un gol anulado al capitán por mano clara fue lo único interesante.
En definitiva, el partido nos dejó un Barcelona muy superior, incluso jugando a la mitad de sus posibilidades, un Madrid que ofreció lo de siempre, Guardiola que demostró ser un grandísimo estratega, y un número incontable de especulaciones sobre la continuidad de Pellegrini. Ganó el mejor, el que hizo más por ganar y había hecho más por ser campeón, el que ofreció más fútbol. Una vez, y sin que sirva como referencia, el fútbol fue justo.

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