25 de abril de 2010

Gracias Tierra, gracias planeta azul

Nada nuevo por el espacio vacío. Tranquilidad, silencio, calma. Esta era la rutina de esa cosa tan abstracta que llamamos universo. Todo era así hasta que de repente ¡pum!, una gran explosión lo cambiaría completamente: la bautizaron como el Big Bang. Y desde ese momento, hace miles de millones de años, empezó a crearse el universo que tenemos ahora. Partículas de polvo y gases comenzaron a agruparse y, por efecto de la gravedad, se dispusieron en capas concéntricas. Entre todos los astros que se formaron, había uno que se diferenciaba del resto. El patito feo de los planetas. Tenía cosas que también poseía el resto, pero destacaba por algo. Lo conocemos como planeta Tierra; también lo llaman el planeta azul.

Y con la creación de la Tierra después llegó el resto. De forma muy compleja, casi inexplicable y solo entendible para los eruditos científicos, surgieron unas cosillas que podían realizar las funciones vitales; el planeta azul tenía vida, y sus primeros habitantes se denominaban cianobacterias. El desarrollo fue siendo cada vez mayor y el boom de vida llegó con la construcción de la capa de ozono. La cantidad de oxígeno iba aumentando y la de dióxido de carbono disminuía gracias a la fotosíntesis. Los invertebrados pasaron a ser vertebrados, los peces salieron del agua como anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Los reptiles fueron los grandes dominadores del medio terrestre. ¡Y vaya si eran grandes! Se apodaban dinosaurios, y había un gran villano, el malo de los malos, el que todo destruía: Tiranosaurio Rex, T-Rex para los amigos. Hace 65 millones de años el Daniel el Travieso universal nos lanzó una piedra con su tirachinas gigante y acabó con los dinosaurios. Todavía hoy perdura la marca, sino que pregunten por Yucatán.

Y fue desde entonces cuando los mamíferos crecieron exponencialmente. Muchas son las especies, pero hubo una que destacó por encima de todas: los primates. Sí, primates, seres que se rascan el culo con el tronco de los árboles, que comen plátanos y se pasan el día de árbol en árbol. Los seres más inteligentes del planeta por aquel entonces. Y claro, de algo así, la evolución acabó por formar unos seres más complejos: el Homo Sapiens. Los seres humanos, en coloquial. A partir de aquí todos conocemos que pasó: primero vivieron de un lugar a otro, después se asentaron en cuevas y pequeños poblados. Más tarde apareció Egipto y Mesopotamia, los fenicios, Grecia y el imperio más importante: Roma. Imperio que cayó (de poco les sirvió tener medio mundo, casi todo el conocido por aquel entonces) porque unos bárbaros del norte acabaron con ellos. Así se llegó a la Edad Media, la época del miedo, de los caballeros con espada, de las princesas y príncipes, de callejuelas, del ¡agua va! Superamos esta etapa y llegamos a la Edad Moderna, la Ilustración, el Siglo de las Luces; lo oscuro se volvió claro y surgieron algunos de los valores más importantes que todavía se utilizan en la actualidad. Mucho nos queda por agradecer a Montesquieu, Rousseau o Voltaire, entre otros. Y no olvidemos la imprenta de Juanito Gutenberg o el descubrimiento de América de Colón, que paradójicamente, todos sabemos quién la descubrió, excepto el propio descubridor. Por último está la Edad Contemporánea, desde que unos señores decidieron decapitar al rey en Francia y crear una República. Sin duda, el siglo XX ha sido el más tecnológico: ordenadores, teléfono, televisión, microondas… El más científico: descubrimiento del genoma humano, estructura del ADN, la célula, medicinas… Todo esto nos llevaría a pensar que ha sido el más civilizado. A priori sí, pero no. Porque la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la bomba atómica, la colonización y la más catastrófica descolonización, la Guerra Fría o la explotación del Tercer Mundo no parecen gestos civilizados. Y mejor no mencionar la destrucción del planeta: capa de ozono, efecto invernadero, descongelación de los polos, tala de bosques y selvas, sobreexplotación de recursos…

No obstante, después de todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos hecho y deshecho, todo lo que hemos destrozado o construido, todavía, como los más avanzados organismos del planeta (y quién sabe si del universo, lo que sería demasiado lamentable y penoso) tenemos el valor de celebrar el día de la Tierra. El pasado jueves 22 de abril, Google se acordaba de esto también. Está muy bien recordar al planeta, incluso agradecerle que por su existencia nosotros también existamos. Pero creo que la Tierra preferiría que no la destrozáramos, o incluso nos largásemos. Eso sería realmente agradecérselo y hacerle un favor. De aquí a unos años acabaremos con el planeta azul, y lo convertiremos en el planeta marrón; marrón por la desertificación, por la mierda que tendremos y por lo podrido que estará. Aunque en vez de intentar cambiarlo limitémonos a decir: gracias Tierra; gracias planeta azul.

1 comentario:

  1. Respecto a gran parte de lo que has puesto:

    http://www.youtube.com/watch?v=faRlFsYmkeY

    Por otro lado, tu ultimo acidisimo parrafo que expresa en plan brutal lo que el ser humano va a hacer, y lo unico que ahora sabe hacer: Dar las gracias, pero hacer lo que le da la gana.

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