9 de marzo de 2010

Una pizca de humanidad...

De quedar como imbécil a hacer el gilipollas. De eso va el tema de hoy, de las gilipolleces que nos vienen a la mente más a menudo de lo que nos gustaría. Y es que ambas cosas están relacionadas, son los capítulos uno y dos de la guía de las cagadas. Un libro que más vale no leer, y menos aún intentar ponerlo en práctica.

El capítulo de las gilipolleces empieza de manera espontánea o impulsado por la imbecilidad. En este sentido, el iluso, dentro de su mundo imaginario que no tiene nada que ver con la realidad, realiza alguna acción no coherente, una acción incomprensible o sencillamente una completa estupidez. Por supuesto, no es algo que salga pensado, porque eso es una cabronada, sino que surge solo, fruto de esa falta de razonamiento y ese exceso de imprudencia, de impulso y de tontería. Los intereses suelen ser varios, pero generalmente no son lo suficientemente sólidos o importantes como para intentar justificar el acto. En consecuencia, unimos la causa, el interés y nos surge una verdadera cagada. Si la situación anterior era de tierra trágame, esta es de salto por la ventana. Y si está cerrada mejor, así nos llevamos el cristal por delante. Es una manera de acabar con la frustración, rompiendo cosas. Una frustración, una rabia, incluso una impotencia que sólo sale en forma de grito, de lágrimas o de objetos rotos. Porque lo de matar casi lo descartamos, que no está muy bien visto…

Hasta el momento llevamos la causa y el interés que dan como resultado una acción, y las consecuencias de la acción son la frustración y la rabia. ¿Por qué? Sencillamente, porque cuando nos vuelve la lucidez, el razonamiento del que carecíamos antes, nos damos cuenta de que no merecía la pena. Ni la causa ni el interés eran tanto como para desembocar en la situación. Lástima que la mente a veces nos juegue estas malas pasadas. Es lo que ocurre con los ilusos. En su mundo de fantasía, de ficción, no existen consecuencias. Cuando llegan a la realidad las ven. Esta situación se vuelve mucho más incomprensible (desde el punto de vista exterior) cuando anteriormente ya ha habido una situación similar. No será la primera vez que lo digo, pero el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Y porque coincide que son dos, que podrían ser cuatro, cinco, ochenta…

Una vez la consciencia ha vuelto y estamos en posesión de la razón, nos da por buscar una solución. Claro, primero se actúa y después se intentan solucionar las consecuencias. Esto demuestra la poca inteligencia que de la que, en ocasiones, hacemos gala. La solución es difícil. Lo primero es arrepentirse y pedir perdón por el error. Vamos, cagarla y disculparse, causa y efecto. Pero no es suficiente. Para algunos sí y para otros no. Y uno puede escudarse en mil y una excusas, pero no sirve de nada. Somos seres humanos y la cagamos. No tiene más, punto. Y puesto que la solución no depende de nosotros en última instancia, toca esperar. Una espera jodida porque somos conocedores de nuestro error, de la gilipollez que hemos hecho, de lo idiotas que hemos sido. Así que toca esperar y apelar a la buena voluntad de los otros, de la persona o personas afectadas. Una buena voluntad que se acaba, y puede ser que ya esté agotada. Y no hay queja posible, pues nosotros carecemos de ella. ¿Cómo quejarnos de que a alguien le falta algo que nosotros hemos demostrado no tener?

Ilusos, estúpidos y gilipollas. Además de arrepentidos y un poco jodidos. No es lo mismo estar jodiendo que estar jodido, decía Cela. Desde luego que no. Pero cuando uno actúa de una forma, no queda más que atenerse a las consecuencias. Y cuanto mayor es la cagada peor estamos. Porque siempre la cagamos con quién no toca. Cuanto más aprecio mayor es la cagada. No hay remedio. Así de estúpidos somos…

No obstante, y afortunadamente para algunos (entre los que me incluyo), alegra saber que todavía existen buenas personas. Porque no todo debe ser rencor, también hay hueco para el perdón y el olvido, para la reconciliación, para no vengarse. Sí, hay días en los que nos damos cuenta de que aún hay restos de bondad y clemencia, de buena fe…Continúa habiendo lo que todo esto supone en última instancia. Todavía se conserva una pequeña pizca de humanidad…

No hay comentarios:

Publicar un comentario