14 de marzo de 2010

Orgullo nacional

Los días en los que las estadísticas salen a la luz son días de reflexión. Aquí en España las estadísticas suelen ser para estar orgullosos. Para que luego digan que no estamos entre los países más importantes del mundo. Un error, porque España es el país donde hay mayor consumo de cocaína y donde más dinero se blanquea. Podemos presumir de ser número uno en algo. También somos los mejores del mundo en fútbol, y en baloncesto, con el permiso de Estados Unidos. También son para sentirse orgulloso las estadísticas de paro, pero parece que la solución es difícil porque no sólo depende de nosotros, sino que una parte corresponde a los señores que se gastan tres mil euros por cubierto en una cena después de que sus respectivos gobiernos les inyecten dinero para evitar la quiebra. El motivo, por lo menos, era de peso: estrés.

Sin embargo, estas estadísticas no son las que más nos deberían escandalizar. Ni la de consumo de tabaco ni accidentes de tráfico. Por supuesto son estadísticas que nos deben de hacer pensar y reflexionar para cambiarlas. La que más me ha escandalizado a mí es la de consumo de alcohol. Pero no entre los jóvenes, sino entre los niños. Y digo niños porque una persona menor de 13 años (o 14 apurando) no puede considerarse joven. ¡Qué serían entonces los de 25! Las estadísticas muestran que la principal causa de entrada en urgencias pediátricas son los comas etílicos. La ingesta de alcohol. Ni fiebre, ni varicela, ni gastroenteritis. Sintámonos orgullosos. Luego dirán que si hoy día baja el nivel de estudios, que si los profesores, que si la juventud… ¡Qué se puede esperar de generaciones en las que a los 11 años ya se emborrachan! Con todo lo que conlleva todo esto para la salud y el crecimiento físico y psicológico. Espero que haya una mínima parte de esas generaciones que sepa dirigir el país de aquí a unos años. Y aun así, lo tenemos claro.

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