¿Cuántas veces lo habremos hecho? Este es un caso en el que decimos aquello de quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Y es una de las veces que no nos dan en la cabeza. Porque no hay nadie (o prácticamente nadie) que nunca haya quedado como un idiota, como tonto, o como un verdadero estúpido. Yo suelo referirme con el término imbécil, que suena con más fuerza, con más potencia. Pero no importa como lo denominamos, lo que importa es la situación en sí. Hay veces que quedamos como tontos, como estúpidos, porque hacemos eso mismo, el tonto o el estúpido. Ya lo decía la madre de Forrest Gump…
No obstante, hay otras veces que quedamos como idiotas, incluso en ridículo, sin quererlo. En ocasiones no somos conscientes y al final decimos aquello de “soy gilipollas”, o “qué gilipollas soy”, y demás expresiones por el estilo. Estos son los momentos de tierra trágame. Más rocambolesca se vuelve la situación si nosotros no sólo no queríamos quedar así, sino que encima lo hemos evitado. Y evitando pecar de supersticioso, igual es cosa del destino. El dinero va al dinero y el imbécil a la imbecilidad. ¿Por qué no? Tiene lógica, y es tan evidente que incluso Descartes se lo pensaría antes de rechazarlo.
Para terminar de complicar el asunto, puede añadirse una dosis de esperanza, una pizca de ilusión y una cucharadita de deseo. Lejos de convertirse en la receta perfecta, puede convertirse en el veneno más peligroso. Un veneno que nos llega y que hace que la situación anterior acabe por echarnos abajo un mundo, nuestro mundo. Un universo creado sobre unos pilares menos que débiles, sin solidez, que con un roce de brisa se hunde. Todo tiene un lado malo, y este es el lado más amargo de la esperanza y la ilusión. El de los sueños rotos. El sabor amargo del fracaso. Siempre he pensado que es mejor jugar a la defensiva, a la italiana, porque si no te marcan, siempre podrás conseguir un empate, si no una victoria, pero si tú vas a marcar puedes salir goleado y vapuleado; más vale un empate que una derrota, por mucho que se diga que el mundo está hecho para valientes. Al principio gusta el juego ofensivo, pero lo que importa son los resultados, y los garantizan una buena defensa.
Tristemente el mundo se derrumba, se cae. El terremoto de Chile ha producido una desviación de 8 cm. del eje terrestre. A mí me ha volcado. El hombre es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Como ser humano, y como hace la naturaleza del ser humano, el mundo particular volverá a levantarse, a construirse, quién sabe si sobre pilares más o menos sólidos, aunque una vez escarmentado, espero que más sólidos. Y aunque con una derrota, podemos extraer una conclusión certera. El mundo no está hecho para ilusos, porque los ilusos son, al fin y al cabo, idiotas…

A menos que lo haya soñado, creo que esta entrada ya la leí y comente... pero en fin, solo comento para decir que ya llevas nada mas ni nada menos que 18 entradas! No esta mal, eh?
ResponderEliminar