25 de marzo de 2010

Ese delicioso bombón de cianuro...

Ahora sí. Luego no. Otra vez sí. Odio a la gente como tú. Que majo eres, me caes súper bien. Ese chico me da asco. Ahora soy su amigo. Te odio, eres lo peor que hay en este mundo. Me caes genial no sé si alguna vez te lo he dicho… Todo esto sirve para reflejar lo que muchos ya habréis observado que va a ser el tema elegido para la lectura de hoy. Puede parecer en principio que es la bipolarización, el trastorno bipolar, esos cambios inexplicables y repentinos que sufren algunas personas; pero no. Porque lo que las situaciones anteriores reflejan es la hipocresía.

Hipocresía, esa palabra que muchos se empeñan en utilizar sin tener la más mínima idea sobre su significado. Pero la usan porque llena la boca. Uno la dice y se queda tan ancho. Según la RAE la hipocresía es el fingimiento de sentimientos que realmente no se tienen; quizá no lo haya clavado, hablo de memoria. Pero la definición es más o menos parecida. Todos, y cuando digo todos me refiero a la totalidad de personas, pues aquí no cabe duda de que alguna vez se ha sido hipócrita, hemos empleado esta bonita palabra alguna vez. A mí personalmente es una palabra que me agrada, porque queda bastante culta. Una palabra muy aprovechable y que en cualquier momento puede usarse. Porque todos hemos sido hipócritas, y si decimos que tal o cual es hipócrita, acertaremos, con mayor o menor rango de certeza, pero acertaremos. ¿Quién no se ha cruzado con alguien y ha fingido una sonrisa envenenada cual dardo amazónico? ¿Quién no ha hecho creer que alguien le caía bien cuando realmente lo detesta? Todos hemos sido hipócritas alguna vez…A fin de cuentas, la hipocresía no es más que un bombón relleno de cianuro. Funciona en pequeñas cantidades (pues el azúcar es antídoto del cianuro) pero un exceso en la dosis puede matar…

En fin, tampoco quiero enrollarme más, porque si no las entradas quedan demasiado espesas. Sólo aconsejaros que leáis el blog de mi amigo Álvaro, que también habla de la hipocresía, y me ha dado la idea de escribir sobre ella.

2 comentarios:

  1. Lo malo es, Héctor, que las personas REALMENTE hipocritas son a las que de verdad se les ha de llamar hipocrita. Porque no es ni mas ni menos que una palabra que no incita buenas reacciones, precisamente.

    ResponderEliminar
  2. no he entendido ni papa de el comentario de alvaro, o al menos no con relación al artículo... pero no me lo tengáis en cuenta... estoy cansadito...

    no. no he usado en mi vida esa palabra porque no me gusta emplear palabras de las cuales no acabo de comprender el significado (al menos hasta ahora) ya que las veces que lo he hecho, la he metido hasta el fondo (la pata, digo).

    Así pues coincido en el hecho de que es una palabra que llena la boca, y que puede llegar a atragantarte.

    he dicho.

    ResponderEliminar