No, no, no. Estribillo de una canción de Amaral, una que habla sobre la tarde del domingo. Pero también algo que debemos considerar a la hora de juzgar a la gente. O más bien de prejuzgar. Porque el tema de hoy son los prejuicios.
Prejuicios hay de muchas clases: prejuicios sobre el país, sobre el sexo, sobre la edad, sobre las personas, sobre las marcas, sobre lugares…Por ejemplo, nuestro país desde fuera se ve como toros y paella, y folclóricas, por supuesto; y para nosotros los franceses son afeminados, los alemanes bestias y los ingleses secos y fríos. Y este es sólo uno de los innumerables ejemplos que se podrían citar, pero no es cuestión de perder el tiempo.
Los prejuicios son algo innato, que se tiene, que es difícil eliminar y cambiar. Y la cualidad de juzgar bien a otros, si verdaderamente somos alguien para tener esa autoridad moral o intelectual, es la supresión de estas opiniones a priori. Pensamientos que nos impiden en muchos casos ver más allá de lo que nuestra cuadriculada mente nos permite. Esto es así y punto. Pero no. Muchas veces nos damos cuenta de que habíamos valorado mal algo o a alguien, que no es como pensábamos en nuestra ignorancia. Habíamos sobrevalorado o infravalorado por culpa de unos prejuicios que solo conducen a error. Por eso, una de las partes de alcanzar el verdadero conocimiento, ese saber tan deseado, es quitar estos juicios sin sentido que no inducen sino a la equivocación y al engaño. Es cierto que a veces estos prejuicios se han establecido de acuerdo a unos acontecimientos certeros, aunque no por ello se puede afirmar rotundamente. Y, aunque eliminar estas primeras opiniones es una tarea difícil, sino prácticamente inalcanzable, es algo necesario para poder conocer y observar algo objetivamente, y a partir de ahí construir un mundo mental basado en una realidad más o menos objetiva, pero sin ningún prejuicio que conduzca a principios equivocados.

Para eliminar el prejuicio hay que conocer y juzgar de primera mano de lo que tenemos prejuicios, ¿No? Aunque claro, si de cada cosa que tuvieramos prejuicios fueramos a conocerlo no tendriamos tiempo para nada.
ResponderEliminarPero los prejuicios casi nunca son buenos, por desgracia, son como tu dices, innatos.
con ese maldito problema se encontró descartes... no consiguió gran cosa,... pero intentó hacer eso de matar los prejuicios con una 50mm.
ResponderEliminarjoder que sueño tengo...! que sarta de paridas...