Es evidente por qué no hacemos nada. Por qué preferimos no actuar. Por qué nos gusta quedarnos quietecitos y callados. No, no es por jugar a lo mismo que los Flanders. Tampoco por buscar el silencio, esa cualidad que en los tiempos que corren cotiza a la baja, nadie lo quiere; todo es música y ruido. ¿Miedo a la soledad quizás? No me extrañaría, pues es de las cosas más temidas por las personas.
Aunque estemos callados y quietecitos, no es por nada de lo anterior. ¿Vértigo al fracaso, miedo a cagarla? Tampoco en el sentido estricto, pues siempre acabamos cagándola. Parecemos diarreicos crónicos. Por eso, tampoco es por no errar. ¿Por qué entonces? Está claro que en ocasiones puede ser alguno de los motivos anteriores, o cualquier otro que no haya nombrado. Pero la mayoría de veces es por la ilusión. En cierto modo, la ilusión del iluso. Más que la ilusión, la pérdida de la ilusión. Temor a perderla. Si la esperanza es lo último que se pierde, a eso tenemos miedo, a perderla. Porque con el silencio siempre podremos cambiar una situación, rectificar, mantener la ilusión. El niño que no le pide a su padre ir a la feria por si le dice que no, y calla deseando ir. Ese es nuestro miedo, nuestro vértigo. Porque un no acaba con nuestras esperanzas e ilusiones, con nuestros sueños y deseos. Porque con ese no ya no queda nada más. El niño llora en la intimidad desconsolado. Por eso callamos, por mantenernos vivos, aunque sepamos que sin hablar tampoco conseguiremos lo que deseamos. Pero tenemos más miedo a perderlo que a no conseguirlo. Dicen que la vida está hecha para valientes, para héroes. Puede ser, pero muchos que creyeron ser Superman cayeron por la ventana…

Ya dicen que el cementerio esta lleno de heroes (Aunque no tenga que ver con el tema)
ResponderEliminarEs cierto, muchas veces por no caer en la depresión no nos arriesgamos... pero ya sabes que se dice, quien nada arriesga nada gana.