20 de febrero de 2010

Un día me di cuenta...

Un día lo descubrí. Me di cuenta de todo. No hay que esperar nada, porque si lo esperas y nunca llega, es un golpe bajo. Ni Tyson repartía así…Lo mejor, y por lo que yo he optado, es por no esperar. Si no esperas, no hay decepción. Y si viene algo, pues mejor. Sino, era de esperar…

Quizá esto parezca un poco estúpida u obvia. De hecho lo es, pero parece que en ocasiones cuesta de entender. Es aquello de tropezar dos veces con la misma piedra. El refranero tiene de todo. Porque una vez esperamos algo (generalmente bueno), y nos llevamos una decepción. No pasa nada. A la segunda, uno ya se siente peor. A la tercera, lejos de ir la vencida, la cosa va a más; empieza el mosqueo. Con la cuarta, quinta, sexta y séptima va aumentando el mosqueo progresivamente y se transforma en enfado. En la octava, el enfado es frustración. La novena es una mezcla entre irritación, frustración y mosqueo: solemos llamarlo resignación. Es en la novena cuando nos pensamos que nuestra vida es una mierda. Que no merece la pena nada. Entramos en depresión. La décima nunca llega…

La conclusión que sacamos es una: debemos ponernos siempre en lo peor. Lo he explicado al inicio y vuelvo a hacerlo: si no esperamos nada, o algo malo, todo lo que caiga no nos sorprenderá. Si esperamos algo bueno, aparte de sorprendernos, nos sentará como una patada en los cojones. Lo digo claro. Esto es fácil de decir, fácil de pensar. ¿Es fácil de aplicar? Si lo fuera, seríamos perfectos. ¿Lo somos? No, la perfección no existe, en ningún sentido. Por mucho que diga Descartes, la perfección es algo que hemos inventado, algo abstracto que representa algo inexistente. ¿En qué consiste? ¿Alguien la conoce, convive con ella? Casi seguro que no…Por eso, como no somos perfectos, no lo aplicamos. Continuamos esperando algo bueno. Y continuamos con la decepción.

Para empeorar un poco el tema, le añadiremos más hierro al asunto. La decepción es todavía mayor cuando viene de otra persona. Una, dos, tres…El problema de esta situación, no reside en uno mismo, y por tanto no podemos controlarlo. Porque si depende de nosotros la solución, en menor o mayor grado, podemos cambiarlo; siempre puede hacerse más, por mucho que creamos haber llegado al límite, con el tiempo descubriremos que nuestros límites van cambiando, van transformándose, van aumentando. Pero cuando es de otra persona de la que dependemos, la frustración es mayor. Las fases de la cuatro a la siete avanzan a una velocidad espeluznante. ¿Será que el hecho de no poder solucionarlo nosotros mismos nos crea una mayor sensación de irritación, de impotencia? En mi opinión sí. Cuanto más difícil es algo, más inalcanzable, cuanto más imposible, es cuando más se quiere. ¿Incoherencia? Por supuesto, somos humanos. El ser humano sin incoherencia, no es nada.

La solución al problema es compleja. Igual alguna eminencia psicológica aporta una solución. Si alguien piensa en resucitar a Freud, no lo necesita, ya sabe la respuesta: la culpa es del sexo. No obstante, si aún con las decepciones y frustraciones salimos adelante, es por algo. Algún motivo tendremos, algún motivo humano. ¿Alguna persona quizás? ¿Algún valor en el que creemos y por lo que luchamos? Depende. Cada uno tiene el suyo. Lo importante es saber por qué seguimos y continuamos. Todos tenemos una o más razones. Y da mucho gusto saber cuál es. Yo he encontrado la mía, y espero que tú también lo hayas hecho. ¿Paz mundial? ¿Ese amor platónico? Da lo mismo, lo importante es aferrarse a algo.

Y de este aferramiento surge la esperanza. Por algún lado tenía que salir. Creo que en la entrada anterior que hablaba sobre ella lo dije, y lo reitero: la esperanza es uno de los sentimientos más maravillosos, sino el que más. Porque sin ella no existiríamos, no tendríamos motivos para seguir adelante. Gracias a ella, cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Prefiero las puertas, pero bueno, menos es nada…

La moraleja de toda esta parrafada es que por muchas decepciones, por muchas adversidades, siempre tenemos alguna esperanza. Y sea lo que sea, es lo que un día nos hace salir de la fase nueve, y volver a empezar. Hay dos cosas imprescindibles en esta vida: no esperar nada y tener esperanza. Parecen contradictorios pero no. Y respecto al problema de la decepción por otras personas, sólo tengo una teoría: un día me di cuenta de que la gente es idiota.

1 comentario:

  1. Un poquito largo... y bien resumido que esta en primeros parrafos (Y mas expandido en los siguientes)

    En cualquier caso, si te esperas lo peor, luego en cualquier caso no te encontraras con algo malo para ti. En el peor de los casos ya te lo esperabas

    Quizás esa sea la verdadera filosofía del optimista (Que a primera vista pueda parecer todo lo contrario)

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